Réquiem, por Alberto Carrizo

Doce diez meridiano.
Fue un aguaje violento de hora doce desmadejando
el barco en un recóndito infinito de sus trampas.
Doce diez meridiano.
Fue una ola inmensa larga y despiadada ola
alucinante ola desatando la madera aún atada a su
cordón umbilical de semidioses entrampados; los
hombres luchaban. Y de puro asombro fue
la próxima marea.
Doce diez del asombrado meridiano.
Fue una ruda y angustiosa cordelada abrazando
la bandera que entre añil y anaranjado de titanes
procreaba el milenario segundo de la hazaña. Y de
cenizas fue la próxima marea.
Doce diez del asombrado y ceniciento meridiano.
Fue un extraño carromato
con espuma y tendones
y quejidos taladrantes entre el látigo del tiempo
enfurecido. Un extraño carromato descendiendo
lentamente desahuciado de velámenes hasta orillar
alguna afótica ensenada. Y de luto fue la próxima
marea.
​Doce diez del asombrado y ceniciento y enlutado meridiano.
Fue una extraña muerte para la nave capitana.
Y la suprema paz llamó a las aguas para dejar pasar
la próxima luz de sus entrañas y allí anclar el
andamiaje de la historia.
Doce diez meridiano.
Doce diez del meridiano y los relojes detenidos;
en sus áncoras pura y crepitante luz, pura y heroína
sal, puras lágrimas encandiladas. Y en los
hombres un profundo tictac reconstruyendo el silencio de la vieja capitana.

Autor:  Alberto Carrizo

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