​Mario Bahamonde


Caudillo de la Refundación Literaria para la Soterrada Dignidad Del Norte, por Alberto Carrizo

Retrato

Rostro surgido en «Ceremoniales del Tiempo» cuando la «Gente de Greda» acaudilló el pretérito; de mirar atrapado entre el cristalino de lo épico y la pupila de cabildo abierto; de mentón macerado para decisiones secretas; cazurra sonrisa semiescondida entre los años; de cierta y oculta altivez española para zanjar la pasión y el dolor; una voz de afluente delgado pero con recuentos de un largo río; ancestro de Apir, «Futre» y sureño y pampino y chasqui porfiando el linaje; en su andar lleva la prosapia de su escudo de armas; su habla en círculos, antes que García Márquez, dibuja una boca de enigma que esconde preguntas dejadas al sueño de alba; un hombre grande dentro de un gran hombre que maceró cada palabra antigua para trocarla en filón de fuego en los tiempos de ocaso.

Hombre

Taltalino, de oda en vino alegre, para demostrar que su pueblo era la metrópolis del tiempo ido; conocedor de gatos querendones, tiñosos y puteros de tejados; amador taciturno y confiable de Germana, su gioconda pasión y muerte; desde el Barros Arana, la Universidad de Chile y los rajos abiertos del desierto, siempre repoblando claves del idioma; porfiado de sufrir, estoico como un reloj de arena devolviendo cada vuelta de la vida; líder de sus ideas, emancipándolas a tiempo; ácrata vital, comunista entre ceja y ceja aunque releyendo libros ásperos del otro mundo; artesano de pedal para subir los «tipos» en la caja grande del «Filete», imprentero a saltomata; cofundador del Corpus ancestral nortino: cateador de poetas y hermanos de cotona roja; académico de sus aciertos, pero en sigilo escondiendo al caudillo de sí mismo. Sabio en premoniciones y aranceles éticos. Cabal, Hombre Cabal. Leer más…