Cementerios

«Hay muertos que alumbran los caminos».
Silvio Rodríguez. Los vivos han de convivir con los muertos. Y para ello, los primeros han diseñado un espacio para los segundos. En el Cementerio, los vivos entierran a sus muertos.

​El crecimiento de los cementerios está en directa relación con el aumento de los vivos. En Iquique, el del 2000, con su  200 mil habitantes, hay tres cementerios. El Nº1, el Nº 3 y el Parque del Sendero. Los dos primeros, aún tienen la nominación antigua, al igual que las escuelas básicas y medias. Ambos son municipales. El Parque del Sendero, por su parte, representa la nueva tendencia de la vida actual: la privatización de la muerte. Y con ello, se estratifica aún en la otra vida, las diferencias sociales. El Nº1 y el Nº 3, siguen siendo los tradicionales. Los que allí habitan aún expresan al Iquique pre-Zofri. El Nº 2, ubicado donde hoy está la población Jorge Inostroza, desapareció en la década de los 60. Allí, en sus fosas comunes fueron depositados, los masacrados de la Escuela Santa María aquel 21 de diciembre de 1907. Otros recintos del siglo 19 y  principio del 20, desaparecieron totalmente. Hubo uno cerca de El Colorado y otro en el sector de El Morro.

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​Los cementerios de antes

Antes del cementerio 1,2 y 3 los iquiqueños ocuparon otros lugares para enterrar a sus muertos. El arqueólogo Julio Armando Sinuosa nos entrega una interesante información al respecto. Se refiere a dos sitios. El llamado «Panteón Católico Peruano» ubicado en los antiguos patios de máquina de los ferrocarriles del Estado, y el otro ubicado en el Ministerio de Obras Públicas en las calles Serrano y Covandonga. Este lugar está reconocido como el lugar de asentamiento más antiguo de nuestra ciudad. De hecho Filgueiras dice:

«Iquique tenía unas casas de extranjeros situadas en la ribera de La Puntilla; en El Morro vivían los pescadores indígenas y mestizos, y la población era tan pequeña, que su panteón se hallaba en la bajada que hay desde el Morro  a la ensenada de La Puntilla, lugar que actualmente ocupan en parte, el edificio de las Compañías de Bomberos Números 2, 4, 5 y 7» (Filgueiras 1888:  132).

Por su parte y siguiendo a Sinuosa, el llamado «Panteón Católico Peruano» se ubica en los ferrocarriles del Estado. Data de cuando Tarapacá era del Perú. Dice el mencionado autor que se encontraba al inicio de la calle Barros Arana que corre de Norte a Sur y bajo los cimientos de la actual cárcel (Sinuosa 92). Cito textual:

«Según un plano topográfico elaborado por Ramón Escudero (1861), siendo Presidente de la República del Perú el Mariscal Don Ramón Castilla, el cementerio se ubicaba al final de las calles Smith y La Fuente, que corrían de mar a cerro en el  sector NEO del plano urbano y a la altura del muelle de Barman. También existía según dicho plano un panteón protestante en el sector norte de la nominada entonces «Isla de Iquique» o «Isla del Guano«.La demolición de parte de los ex-recintos ferroviarios, permitió descubrir varios ataúdes. Las investigaciones arqueológicas no pudieron proseguir debido a la falta de recursos. Se hallaron diversos ataúdes de distintos rangos sociales. Se hallaron también gente de color.

Con respecto al segundo cementerio, el del sitio del Ministerio de Obras Públicas se encontraron cerca de 60 individuos. «Gran parte de las mortajas que los envolvían eran de textiles andinos lisos o listados en colores naturales como tonos café, pardo, gris y blanco o listados de colores de mayor policromía» (Sinuosa 92).

El Cementerio Nº 1, fue creado en el 1890, en el sector norte de la ciudad. En 21 de mayo entre San Martín y Bolívar se alza una inmensa arquitectura en la que cada domingo familiares acuden a visitar a sus deudos.

Este recinto, puede ser visto como uno de los barrios más antiguos de la ciudad. Sus nichos y bóvedas representan buena parte de la historia de la ciudad. En sus lápidas es posible hallar los hechos más significativos que ha vivido la ciudad.

Sus calles, las más antiguas, albergan al Iquique cosmopolita de principios de siglo. Sin importar diferencias conviven los chinos con los sirios, los españoles con los italianos. Otros, como el caso de las colonias, optaron por pasar la muerte juntos. De este modo, los españoles, los yugoslavos, los peruanos, los chinos, constituyeron sus naciones y cultural en bóvedas. Otros grupos, como los artesanos y los masones lo hicieron de igual modo. Quienquiera observar como era el Iquique del 1900 no tiene más remedio que ir al Cementerio.

Cementerios Multiculturales

La valoración del patrimonio cultural, ya sea tangible e intangible, es un hecho que cada vez encuentra más adeptos y defensores. Es más desde los organismos internacionales, gobiernos, organizaciones de las sociedad civil, entre tantas otras, se hacen esfuerzos por su preservación y revitalización.  Cada ciudad o nación trata de establecer sus puntos de referencias que lo distinga de otras regiones o localidades. Todo ello además en el hecho de que el turismo, demanda cada vez más, por una oferta más sofisticada, a la hora de elegir cualquier destino. Lo anterior en relación a lo vínculos que hay que establecer entre activos culturales y activos económicos. De hecho la declaración de Patrimonio de la Humanidad de las oficinas Humberstone y Santa Laura, hay que verla en esta perspectiva.

El desarrollo de las ciudades está estrechamente ligado a la instalación de plaza públicas, iglesias y cementerios, entre otras materialidades. Los cementerios representan una faceta de la vida urbana que en muchos de los casos, se tendía a olvidar o a ignorar. Afortunadamente esto ha empezado a cambiar. Todo ello a pesar, que la cultura popular, sobre todo en América Latina, y en relación directa a su concepción de la vida y de la muerte, ha desarrollado una intensa vida social en torno a estos espacios. Iquique no ha sido la excepción. Celebrar la Navidad, el Año Nuevo, los cumpleaños, son cosas habituales en nuestros recintos.

El rescate patrimonial de los cementerios sigue una lógica instaurada desde Europa que señala como en estos espacios es posible encontrar huellas, voces, y estilos que hablan de lo que fue, en un momento determinado, la ciudad y su gente. Sistemas de creencias relativas a la concepción de la vida y de la muerte, estilos arquitectónicos que dan cuenta de las tendencias de cada época, ocupación de los espacios como prolongación de la vida, etc., permiten narrar a través de los cementerios como fue la vida en un momento determinado.

En el caso de Iquique, la cuestión es más que evidente. En ambos cementerios el 1 y 3, es posible reconstruir a través de sus mausoleos, bóvedas, nichos, etc, lo que la ciudad que se empezó a construir desde los tiempos de la explotación del salitre. Es decir, desde fines del siglo XIX.

​El cementerio, en este caso el Nº 1, puede ser visto como un espacio educativo para que las nuevas generaciones observen, a través de la ocupación de estos espacios, de cómo se daba la vida en esos años.

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La multiculturalidad de la ciudad, se expresa en este recinto. Y aún más el pluralismo de Iquique, en lo que se refiere a las diversas denominaciones culturales y religiones (masonería, protestantismo, catolicismo),  étnica (chinos, croatas, europeos, serbios, etc.), de género (sociedades de mujeres) y de clases sociales (Sociedad Gran Unión Marítima, etc.), están bien representados en el camposanto de la calle Bolívar.

De hecho la ciudad no se puede entender sin su componente multicultural. Esta es una de las fortaleza de Iquique que no se le ha sabido sacar el provecho que posee. Una ciudad multicultural en una mundo globalizado se hace más interesante para el ojo y percepción de quienes nos visitan.

Los diversos estilos arquitectónicos que pueblan este lugar, expresan también el argumento anterior. Se trata de una arquitectura moderna, que arriba al puerto y se plasma en el modo en que los vivos ofrendan y tributan la memoria de los muertos.  La presencia del mármol, del pino Oregón, en diálogo a veces y en otras no, son los dominantes.  Pero como la cultura es vida y dinámica, el cementerio va recibiendo diversos estilos que se mezclan. La influencia de la Zofri, a través de la cerámica se deja sentir.

Fiel al desarrollo urbano de fines del siglo XIX y comienzos del XX, el Cementerio se construye como una especie de frontera nor-oriente de la ciudad. Y  su alrededor se levantan poblaciones populares como Plaza Arica, y luego en los años 60, la San Carlos y otras. Hablamos de un tejido social popular que además vive la muerte de un modo diferente a lo que hacen otros grupos de la ciudad. Si ubicamos al Cementerio 1 en su contexto macro urbano, tenemos que actúa como una muralla que por el lado norte, hacia la San Carlos, participa como actor en la celebración de San Lorenzo Chico, y en el caso de la Tirana Chica, y el 12 de octubre, la despedida de los bailes religiosos que van a La Tirana, se comporta del mismo modo. Su majestuosa presencia es la de un protagonista que permite el diálogo entre la vida y la muerte. Una especie de cortina que permite que sus muros delimiten una cierta zona.

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De hecho si se toma como camino la calle San Martín hacia el cementerio, se pasa por la iglesia de la Plaza Arica y se «choca» con el Cementerio. Al lado por la calle Bolívar la animita del Finao San Martín también actúa como centro de devoción popular. Al frente de ésta, la del finao Olivares. Para los antiguos habitante de este sector la relación que se posee con el Cementerio, es una relación de aprecio y de identidad. La mayoría de los que allí viven tienen a sus deudos en ese lugar. El desplazamiento ocurre cada domingo y sobre todo el 1 de noviembre, para visitar a sus parientes y amigos.

Sin embargo, con los cambios demográficos ocurridos en la ciudad, este lugar no da abasto para recibir más difuntos. El resto de la población ha migrado hacia el 3 o bien hacia el cementerio privado. Una de las consecuencia de esta situación, es que las poblaciones adyacentes al 1, ya no tienen el mismo aprecio que sus antepasados tenían. En estos mismos lugares, ha habido también un recambio de la población. Migrantes tanto nacionales como extranjeros, no tienen por que sentir aprecio y menos identidad con ese lugar. Su historia no está allí.

A ello hay que sumarle la vulnerabilidad  social que tienen estos barrios. Tráfico y consumo de dogas, consumo de alcohol, violencia intrafamiliar, hace que, y eso lo narra la prensa, que el Cementerio se convierta en una especie de cuartel de jóvenes drogadictos que no trepidan en robar piezas para venderlas o bien en rayar con grafitis las paredes. O bien solamente para consumir drogas y alcohol, lejos de la mirada de la población.

Reconociendo el valor histórico de este lugar hay que complementar su acción con una campaña que convenza a los habitantes del territorio que estamos frente a una pedazo importante da la historia de Iquique. En esta labor deben ayudar los establecimientos educacionales para que programen en sus clases esta realidad, y además para que hagan visitas guiadas.

Lo anterior traerá como consecuencia instalar un plus valor al barrio norte de la ciudad. Un sitio de patrimonio histórica u otra denominación que posea, servirá para aumentar la identidad y orgullo por el barrio. Pero para ello hay que actuar con una noción de totalidad. Es decir, incluir al cementerio como parte del barrio.

Incorporar al barrio a una política de revitalización del Cementerio 1 es clave. El barrio a través de sus estructuras sociales vivas: clubes deportivos, bailes religiosos, juntas de vecinos, deben entender que este espacio es parte de su jurisdicción.  Y por lo mismo asumir un compromiso activo con  su cuidado y defensa.

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Autor: Bernardo Guerrero Jiménez
Fotografías de Soledad Galdames

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