​Poesía Peruana a la Esmeralda


​Los peruanos habían ya bautizado con el dictado de gloriosa, a la vieja Esmeralda, en una hermosa poesía publicada en Lima en 1866, cuando aquella arribó a las aguas del Callao. Victoriosa después de haber apresado a la Covadonga y haber triunfado en el combate de Abtao, dos acciones de la guerra con España, a la cual Chile había entrado defendiendo los derechos del Perú a su vida independiente y soberana. Este es el poema:

Poesía Peruana a la Esmeralda
¡Es la ESMERALDA! La gloriosa nave
que Febo con sus rayos viste y dora.
Que ama Neptuno y el favonio suave
ríndele amante las galas que atesora.
Ella es de Chile independiente, el ave
que el astro de los libres condecora
con los renombres de estrella soberana.
Sol sin ocaso, espléndida mañana.
¡Ella es! Miradla, alígera, radiante,
entre follajes de palmas y laures;
vedla en el ponto diáfano, oscilante
como la fada de armíferos bajeles.
Ninfa en su fuerza, en su valor gigante,
mostró a la faz de España, en sus dinteles
el Inri del oprobio que hoy prolonga,
venciendo en noble lid al Covadonga.
Hoy el peruano con íntima alegría
como las aves saludan áureo día
te saluda jadeante el corazón,
con su arpada purísima canción.
Ven, cual nuncio excelso de María.
Blanca paloma, en tu ínclita misión,
y del Callao a tu feliz arribo
Trae la paz el proficiente olivo. 

Tomado de Revista «En Viaje»,  Mayo de 1963,  p. 15.

¡Es la ESMERALDA! La gloriosa nave
que Febo con sus rayos viste y dora.
Que ama Neptuno y el favonio suave
ríndele amante las galas que atesora.
Ella es de Chile independiente, el ave
que el astro de los libres condecora
con los renombres de estrella soberana.
Sol sin ocaso, espléndida mañana.
¡Ella es! Miradla, alígera, radiante,
entre follajes de palmas y laures;
vedla en el ponto diáfano, oscilante
como la fada de armíferos bajeles.
Ninfa en su fuerza, en su valor gigante,
mostró a la faz de España, en sus dinteles
el Inri del oprobio que hoy prolonga,
venciendo en noble lid al Covadonga.
Hoy el peruano con íntima alegría
como las aves saludan áureo día
te saluda jadeante el corazón,
con su arpada purísima canción.
Ven, cual nuncio excelso de María.
Blanca paloma, en tu ínclita misión,
y del Callao a tu feliz arribo
Trae la paz el proficiente olivo.