​Olaff Olmos Figueroa


Imagen Olaff el Arqueólogo

1951-2005

​Hablar del Norte Grande de Chile es remitirse de inmediato al pasado. Todo lo presente en las arenas del desierto huele a remotas historias grabadas entre las mentes y voces nortinas o en las evidencias materiales. Pero ¿Quién puede observar las viejas piedras, cerámicas, puntas de proyectiles o ruinas diseminadas por doquier en al pampa y saber su procedencia, temporalidad y vinculación cultural? Los que están realmente capacitados profesionalmente para este sagrado acto de “saber escuchar” lo que dicen los restos materiales son los arqueólogos.

En nuestro norte tarapaqueño son “pocos” para tantos sitios que esperan por siglos enteros ser hallados e investigados. Duele más aun cuando uno de los hijos del desierto que consagró su vida a la búsqueda de lo desconocido, explorando las arcaicas poblaciones del litoral iquiqueño o la emergencia del sedentarismo en las quebradas interiores o los pukaras en los alrededores de Isluga, se aleje de estas tierras inhóspitas de sol, chusca y soledad.

Hablo del amigo Olaff Olmos. Duele, porque es una vida entera dedicada al servicio público, ya sea en la trastienda política para recuperar la democracia, en las instituciones gubernamentales o en las cuadrículas dibujadas entre estacas o niveles, brochas y espátulas de una ya remota excavación arqueológica. Duele, porque fue un hombre que en sus últimos años asumió un interesante rol formativo como maestro, profesor y amigo de las nuevas generaciones que lamentan su temprana partida.
Hoy, son otros los senderos y rutas que Olaff debe recorrer con su atuendo compuesto por una chaqueta de cuero café, sombrero y bototos, entre parajes que ciertamente desconocemos, donde seguramente sus atávicos gentiles danzan para recibirlo en un inmortal rito lleno de espiritualidad, con la bendición sacra de shamanes milenarios que lo invitan a recorrer con un kero en la mano los túmulos, aldeas, golgas o fortalezas para acogerlo como uno más en una vida que no tiene fin.

Seguramente, y no me equivoco, Olaff debe estar conversando y discutiendo también, sobre periodificaciones, fechados radiocarbónicos, perfiles y estratigrafías, contextualizaciones, estilos cerámicos y también de política con sus viejos amigos que ya partieron como Percy Dauelsberg, Luis Alvarez, Guillermo Focacci o Virgilio Schiappacasse frente a la atenta mirada del maestro de todos: Max Uhle.

Duele la partida inesperada de Olaff porque en él reflejamos los años de lucha, cuando la arqueología deja su compromiso con lo ancestral y se vuelve contemporánea y comprometida con los movimientos y causas sociales, lo que se evidenció en las excavaciones realizadas en Pisagua tras las huellas de los detenidos desaparecidos. Olaff, las preguntas que ayer formulaste sobre los tiempos remotos tus alumnos tendrán que responderlas, siguiendo tus pasos, bajo la atenta mirada de las deidades de las montañas tarapaqueñas.

Alberto Díaz
La Estrella de Iquique
9 de agosto de 2005
A-13Para saber más:​ http://www.scielo.cl