Ahora lo llaman Dolores

Hoy está de fiesta el cuartel que está al final de la calle Zegers Viejo, bañándose en el tibio mar iquiqueño.

El hoy regimiento de artillería motorizada N° 6 «Dolores» del General José de la Cruz Salvo, celebra un año más de vida, en la misma fecha que lo hacía la unidad que sirvió de base para su actual organización, es decir el Grupo de Artillería a Caballo N° 1, integrante de la Primera Brigada de Caballería, hoy también desaparecida por efecto de los años y de las circunstancias.

Cuadros de íntima emoción se nos viene a la memoria hoy día, al recordar que hace quince años llegamos por primera vez a este acogedor cuartel, que desde entonces ha sido el punto céntrico de nuestras actividades y del cual jamás hemos faltado un año sin visitar sus dependencias y aspirar ese «clima» incomparable que brota de cada rincón del viejo caserón.

El personal ha sido renovando. Nombres como Primitivo Venegas, Abel Dinamarca, Delfín Bastías, Juan Villegas y tantos otros, han dejado ya el uniforme militar, que sirvieron con especial lealtad durante muchos años. El tiempo pasa y los que entonces empezaban su carrera, hoy son graves «señores sub-oficiales» guardadores de gran responsabilidad y cooperadores inmediatos para la buena marcha del regimiento. Tal el caso de Gustavo Tapia, Enrique Collao, Alejandro Angulo, Florentino Morales y muchos más; todos artilleros de especial pasta de soldados, modelos de trabajo y ejemplos como amigos.

¡Cuántas glorias deportivas conquistó el entonces grupo «Salvo», con esa pléyade de hombres que hacían noticia continuamente, no solo en Iquique, sino es todo el Norte del país…! Frescas están en nuestra memoria  esas performances del año 1935, en la ciudad de Antofagasta, cuando con un reducido equipo de no más de una docena de atletas, el grupo «Salvo» se trajo todos los premios deportivos de una Olimpiada donde participaban quince unidades de nuestro Ejército. Dos nombres forjaron aquella hazaña que nunca podremos olvidar: Abel Dinamarca, el «fabricante» de campeones, y Gustavo Tapia, el atleta de condiciones extraordinarias, que se dio el lujo de ganar cinco pruebas.

Y no sólo en las actividades deportivas, el grupo «Salvo” mostró su señorío y su pasta especial. En cada una de sus participaciones netamente profesionales, sus viejos cañones Krupp levantaron su voz, haciendo temblar la pampa iquiqueña. En el aspecto cívico, de cooperación a las actividades de la ciudad, el Grupo artillero demostró siempre su concepción de que el militar debe estar listo para ayudar a su hermano civil en lo que pueda, abrir sus puertas, ofrecer su cordialidad, no negar jamás la cooperación que pueda prestarse.

El concepto moderno de la guerra y la condición geográfica de la región, aconsejaron cambiar la organización de la unidad. El Grupo a Caballo se trocó en Regimiento motorizado. El relinchar de los nobles brutos se transformó en el rugir de los motores. Los cañones de fabricación alemana fueron relevados por otros de procedencia norteamericana.

Ya no le llaman Grupo «Salvo». Ahora lo llaman «Dolores».

Pero la esencia de la querida unidad es la misma. Gran parte del personal es el mismo. Las dependencias se han expandido, se han perfeccionado, pero siguen exhalando ese mismo «clima» incomparable de los viejos tiempos.

Quizás si una leve congoja nos invadirá cuando vayamos hoy día a saludar al viejo cuartel, en el día de su fiesta. Nostalgia de lo que fué. Recuerdos de aquellos años de íntima felicidad. Emoción por una época que no volverá a repetirse.

Y sentiremos que para nosotros siempre seguirá siendo el sinigual grupo «Salvo».

Aunque ahora lo llamen «Dolores» !

Autor: Santiago Polanco Nuño
Publicado en Diario «El Tarapacá», 26 de febrero de 1950, p. 3

 

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