Navidad en Tarapacá

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Los carros navideños son parte de una costumbre iquiqueña que nace en la década del ’50, con los trabajadores del Correo, quienes prepararon un camión con adornos navideños, acompañado de un viejo pascuero, un grupo de músicos, y alegraron las calles de Iquique en su trayectoria. A través de los años, los trabajadores de las industrias pesqueras se apropiaron de dicha tradición, agregando mayor ostentación en la decoración y formato de estos carros. Hasta hoy en día, los trabajadores de diferentes organizaciones y empresas confeccionan sus propios carros, banda de música y disfraces. Desde los camiones se lanzan pastillas (dulces), mientras los niños corren detrás saludando y recogiendo estos confites.

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De las tantas cosas buenas y malas, que le sorprenden a quienes nos visitan, sobresale nuestro espíritu festivo. En Iquique todo sucede en la calle y con gran algarabía. Es como si la risa, el baile, el canto, no bastara que se quede en casa. Hay que arrojarla más allá de ese impreciso límite que separa lo público y lo privado. Esa parece ser una de las tantas marcas de nuestra identidad.

La calle es para los iquiqueños, el lugar donde la sociabilidad mejor se expresa y representa. Allí, se cruzan y entrecruzan las dimensiones de nuestro carácter colectivo. Vivir en el living no nos basta. Encerrarnos bajo las cuatro paredes es algo que no concebimos. De allí que desde chico, nos lanzan a la calle. A patiperrear. A enarbolar las banderas de la independencia. Quedarse en casa, detrás de esas rejas fabricadas con maderas de cajón de manzana, es para los poco aptos. Pareciera que el acta bautismal de la iquiqueñez se adquiere, no en el Registro Civil, ni en la pila bautismal, se obtiene donde las veredas de maderas civilizaron la calle, allí donde ante botábamos la basura, en Punta Negra, en el Colorado o en Bellavista, esos balnearios urbanos.

De allí el Carnaval, los entierros, las procesiones, los desfiles, en los sesenta las marchas políticas, las caravanas ahora agitando el nombre del candidato, las mismas caravanas, con la misma gente, orgullosos de Deportes Iquique (¡que grande éramos!). La Navidad con su sentido, tan del otro lado del mar, no nos calzaba con esta forma de ser tan bullanguera, tan hacia la calle.

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En el documental “Navidad a la Iquiqueña” del documentalista Cristián Sanhueza, estrenado en el 2007, se puede revivir la singular manera de esperar al viejo pascuero. Un rito que comenzó con el gesto organizativo de los funcionarios de Correos, y que deriva en una actividad cultural casi patrimonial de esta ciudad tan identitaria. Allí, los funcionarios de correos recuerdan como, en sus horas libres, se juntaban en el bar “El Democrático” para enhebrar esos sueños que en cada Navidad recorría, en forma de camión, las casas de sus funcionarios. Es, además, una especie de historia de Iquique, contada desde el ánimo de la festividad, del bullicioso baile, de los niños demandado por pastillas, de los hombres disfrazados que reviven la práctica del carnaval ya casi perdido. Viendo esas escenas uno entiende el por qué en esta ciudad la música no se puede escuchar a bajo volumen.

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