
En este Iquique, que vive aun orgulloso de su hospitalidad, su salitre y los recuerdos de lo que fue, hay un rincón que es el deleite de los turistas, inspiración de los artistas, recreo de los niños y confidente de los enamorados.
Siempre una maravillosa vista de las playas de Hawai es calificada como la estampa del paraíso: una vista del camino a Cavancha, en Iquique, sino exactamente del paraíso, es la estampa de su entrada.
No es más ni menos que una vereda tropical. Una faja de cemento: a un lado la aridez impresionante de los cerros, sus dunas, la maravillosa arquitectura del “Dragón” esculpido, si se quiere, como nadie lo ha hecho aún, en arena blanca y movediza: el “Dragón” que sepulta, que ahoga y que quema al que trata de llegar a su cumbre: tan difícil de alcanzarla, como realizar tal vez uno de esos tantos sueños imposibles que se forjan en la vereda misma, bajo el dulce crujir del ondulante tronco de las palmeras o a la sombra de un pino evocador y pintoresco.
Al otro lado, la playa inmensa, hermosa como ninguna de Chile, con olas que rugen, se encrespan, estallan… para besar suavemente la arena… aferrarse a ella. Se hunden en ella, o se recogen nuevamente a la inmensidad del mar…
Algo así como Iquique mismo: fue el amo, el poder, la mina que superó las riquezas todas de Csile. Se engrandeció… para vivir después del recuerdo, para confundirse con él; para hablar del pasado como de una leyenda popular:
Hoy sólo nos queda recordar
los ojos mueren de llorar…
y el alma muere de esperar…
Porque Iquique espera… Las olas también vuelven a rugir en el mar.
¡Cuánto conoce el puerto esta vereda tropical! Parece que tuviera gestos para imitar su vida: la aridez, el sosiego, el orgullo, la alegría, el coloridos, la sombra de las nueves en la arena, el susurro del viento al conversarle a las palmeras aspectos todos de este paseo que así, en desorden, parecen copiar todas las fases porque ha pasado la ciudad: APOGEO, brillo y colorido: DECADENCIA, sosiego y sombras: ESPERANZA, orgullo, alegría y susurros al viento para que traiga al viajero.
Para que traiga al poeta que cante la hermosura de las palmas y los abetos e interprete el leguaje en bemoles del mar.
Para que venga el pintor que logre captar con certeza el colorido del cerro, del mar; que logre grabar en la tele de la inmortalidad el encanto de un crepúsculo iquiqueño.
¡Sí hablaran esos bancos iquiqueños del Camino a Cavancha qué de temas inspirarían al poeta!
Si pudiera guiar la mano de un artista, cuántos colores no arrancaría el sol de la paleta del pintor para copiar su belleza, ya que ha de saberse hermoso: se viste cada tarde con distintas galas para que lo admiren más y más.
Los incas, tal vez lo vieron desde esta playa y por eso lo adoraron como Dios.
Si el viento que conoce la hermosura de Iquique y su vereda, que sabe nuestra esperanza, pudiera repetir nuestro ruego, diría a Chile entero: “Un hotel modelo, un Casino con diversiones, a la orilla del mar; mayores facilidades para el aprovisionamiento de la ciudad; menos trabas aduaneras para la importación de productos extranjeros; más vapores que den movimiento al puerto y abaratamiento de pasajes o creación de pasajes de turismo al norte, llenarían a Iquique se esa población cosmopolita que hace grande a las grandes ciudades. Allá saben como atenderlos, saben como recibirlos. Por algo es proverbial la hospitalidad iquiqueña y bien ganada que está, porque no hay otro puerto en Chile con gente más cariñosa, sencilla y desinteresada.
“No es mucho lo que piden: dos edificios más que hagan justo marco al hermoso colectivo y al hospital, orgullo de esa zona, y ayuda, ayuda al norte: menos centralismo, que Chile no es Santiago y sus cercanías. También son ellos chilenos y también puede haber en Chile dos “Ciudades Luz” y dos “Perlas del Pacífico” en América.
Si pudiera clarar sus murmullos el viento, si pudieran oírlo y comprenderlo como nosotros en Iquique, ya no sería ésta la entrada al paraíso, sería parte de él con Hawai.
Y el poeta definiría el Eden del otro mundo atraído a esta vida, como: “una palmera coqueteando con el viento, un aire suave, arena de una playa inmensa y un beso ante el sol crepuscular…
Allá en Iquique…”
Carmen Kunstmann Hameau
Diario El Tarapacá
14 de marzo de 1943
Página 15
La Multiplataforma web que lo llevará a conocer el patrimonio cultural del Norte Grande de Chile.