Fisonomía de Iquique

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Fotografía extraída de «Vistas de los Antiguos Puertos Salitreros II» – Guillermo Burgos Cuthbert ​Fisonomía de Iquique

Salvador Reyes

Iquique ha conservado el estilo propio que le dio el auge salitrero y que la diferenció tanto de Antofagasta, su rival en aquellos tiempos. Tiene también algo de ciudad tropical por la abundancia de fachadas con corredores y esos curiosos techos elevados sobre las terrazas, que dan la impresión de un piso vacío cuyo objeto es proteger del calor. Al mismo tiempo, elegantes edificios, como la Intendencia, los Tribunales de Justicia, la Estación de ferrocarril y otros, le imprimen un marcado señorío.

Pero Iquique conserva algo más importante del brillante pasado; el carácter alegre y abierto de su gente. Ni los largos años de decadencia, ni siquiera la quiebra de sus esperanzas de grandeza que acaba se sufrir con ala crisis de la industria pesquera, han abatido el buen humor y generosidad del iquiqueño. Tampoco su coraje: se rebela ante la mala suerte y hasta logra hacerse oír de los poderes centrales. Sobre todo, el iquiqueño no pierde nunca la esperanza y se afinca en su tierra, que sabe rica y capaz de devolverle el esplendor de otro tiempo.

Uno de los sitios en que mejor puede apreciarse lo que fue aquel esplendor, es el Centro Español. El visitante queda deslumbrado cuando entra al amplio hall de estilo morisco y levanta la vista hasta la cúpula amplia y elegante, profusamente decorada en el mismo estilo. Las anchas escaleras, los vastos salones, los artesonados, dan testimonio de que en aquellos tiempos no se escatimaba el dinero. En la época de la fundación del Centro no podían ser miembros sino los nacidos en España. Después de la colonia ha ido disminuyendo, los hijos de los viejos peninsulares son chilenos y como hasta el número de éstos escasea, ya el Centro empieza a abrir sus puertas a todos, sin más condición- como es natural- que su honorabilidad. En la testera del salón de honor se ven los retratos de Prat y del señor Llanos aquel español que vinculó su nombre a nuestra historia por haber dado sepultura a los restos del héroe y de sus compañeros, que habían sido abandonados en plena calle, cerca de la Aduana.

De los balcones del Centro se domina la hermosa plaza, a cuyos jardines sirve de eje la torre que también habría sido proyectada por Eiffel. Yo lo creo. Es agradable encontrar una reminiscencia de París en una ciudad como Iquique, con encanto y señorío.

Como gran centro pesquero, las esperanzas iquiqueñas no han sido totalmente frustradas. La industria conservera debe tomar, forzosamente, cada día mayor crecimiento, de tal manera que ala Pesquera Tarapacá, actualmente en poder de la CORFO, deberá seguir adelante. Sus productos compiten ventajosamente con los mejores del mundo y corresponden a modernísimos procedimientos de fabricación. Es interesante recorrer las amplias y completas instalaciones, cuyo trabajo, mecánico y rápido, es perfecto. Hacemos una especie de visita a la Antártida cuando, cubiertos con parkas y gorros como en las vecindades del polo, nos introducen en el frigorífico. Nos encontramos entre montañas de hielo y montañas de atún y de sardinas a una temperatura de más de 30 grados bajo cero.

No hay duda de que toda esta perfección técnica no puede fracasar ni inmovilizarse y que la Pesquera Tarapacá será uno de los resortes principales del permanente bienestar iquiqueño.

Por su parte, los astilleros “Marco Chilena” continúan trabajando en el momento de nuestra visita, a pesar de la gran cantidad de barcos inmovilizados en el puerto. Esperamos que puedan continuar en sus actividades, pues la zona pesquera de Chile no es sólo la de Iquique y día llegará en que deberá atenderse las necesidades de todo nuestro larguísimo litoral. La técnica constructiva de este astillero es también de una pasmosa rapidez. Las planchas del casco y las diferentes partes del barco se van armando como juguetes llamados “mecanos”. Fue así como en el período de la euforia producido por la abundancia de la anchoveta estos astilleros llegaron a lanzar siete barcos mensuales.

A pesar de los graves problemas que deben resolver y de las amargas decepciones producidas últimamente por la deserción de la anchoveta, Iquique está lejos de presentar una fisonomía de una ciudad vencida, sin fuerzas para reaccionar. Existen allí un potencial de riqueza y una calidad humana que para rendir los más halagüeños resultados no esperan sino la ejecución del plan conjunto concerniente a todo el Norte Grande, única solución para poner en la marcha y asegurara la prosperidad estable de esta región tan valiosa como ignorada.

Tomado de Crónicas.Ediciones La Portada1974 Santiago, Chile pp.371

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