Golpe de Estado y Región

Afirma Juan Podestá

El golpe de Estado en Tarapacá estuvo

condicionado  por la relación Estado-región”

El sociólogo plantea que en Iquique el proyecto militar y la represión intentaron resolver los problemas económicos y de estabilidad política, en una zona fronteriza socialmente complicada por el peso histórico del movimiento popular.   

Juan Podestá Arzubiaga, 50 años, sociólogo, ex seremi de Economía y actual profesor y director del Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad Arturo Prat, ha venido desarrollando una meticulosa investigación acerca del papel del Estado en la región, cuyos contenidos serán próximamente presentados en una publicación bajo el título: “La invención de Tarapacá. Estado y desarrollo regional en Chile”. La obra estudia la conflictiva relación mantenida por la región con el Estado, especialmente con su dirección capitalina.

Para el académico, el golpe de 1973 en Iquique, debe analizarse también desde esta perspectiva, la que explicaría la inusitada represión en una ciudad donde el movimiento popular estaba sumamente comprometido con la defensa de sus derechos, lo que no justifica los más de mil prisioneros de guerra y las decenas de ejecuciones en una zona donde no hubo combates armados.

Podestá plantea que en un territorio conquistado y en permanente conflicto como Tarapacá, los militares emprendieron su acción interventora basados en una análisis geopolítico de la región, que indicaba que una sociedad dividida, insegura económicamente y con alta politización y protagonismo de las organizaciones sociales, debilitaba las fronteras y las hacía inermes frente al enemigo externo, que constantemente reivindicaba las provincias perdidas durante al Guerra del Pacífico.

¿Usted postula cierta particularidad en la actuación de los militares en Tarapacá hace treinta años?

El régimen militar sólo continuó con la concepción que, a lo largo de más de un siglo, tuvo de la región el Estado. Vale decir, le atribuyó el carácter de fronteriza, económicamente marginal a los polos centrales de desarrollo y con la misión fundamental de hacer soberanía. En tal perspectiva, los militares no iban a permitir la existencia de lo que denominaban un “enemigo interno”, que debilitase la defensa del territorio. Sabe usted que desde que Tarapacá fue anexada se ha establecido una política diferenciadora entre sus dos ciudades principales. Septiembre de 1973 no fue la excepción, en Iquique los presos fueron más de mil y hubo indeterminadas ejecuciones, mientras que en Arica la cantidad fue evidentemente menor.

¿En Iquique era necesaria una represión tan masiva?

Mire, para los militares ésta era una región política y socialmente complicada, ya sea por el peso histórico del espacio salitrero, con un movimiento social ligado a la defensa de los derechos populares y fuertes liderazgo como el de Jorge Soria o Freddy Taberna. Esto fue motivo de preocupación para las  nuevas autoridades de la época. Arica nunca tuvo un movimiento sindical fuerte y organizado similar al iquiqueño, y los militares la concebían como ciudad en proceso de reconquista. La estrategia de los uniformados fue diferenciadora, en Iquique imperó un nivel de violencia institucional inusitado, producto de lo cual y entre otros factores, se conoció internacionalmente el campo de concentración de Pisagua y en Arica hubo escasa violencia, pocos prisioneros y reducidos muertos. La militarización de la ciudad dio resultado.

¿Esta estrategia diferenciadora prosiguió una vez pasada la peor etapa de la represión?

Por supuesto. Perú fue pensado como el enemigo principal, Arica era concebida como zona de combate ante una eventual invasión desde el norte e Iquique era el eje donde se debía fortalecer la protección del territorio. Un complejo sistema defensivo más la creación de una herramienta de reactivación y desarrollo como la Zofri fueron sus principales prevenciones. Igual que en la década de los cincuenta, cuando el general Carlos Ibáñez decretó el puerto libre en Arica como medida destinada a sentar un polo de desarrollo que atrajese gente, ya que una población masiva, comprometida con la defensa del país, es la mejor barrera.

¿Los antecedentes históricos demuestran que desde el centro del país siempre se han dirigido los destinos de la región?

Sin ninguna duda,  yo postulo que la región fue inventada luego de la Guerra del Pacífico, y que desde esa época, nunca ha existido una grupo dirigente local con capacidad de determinar políticas de desarrollo. Siempre ha sido el Estado central el que ha planteado los objetivos de la región, y esta situación ha permanecido invariable durante los actuales gobiernos democráticos. En 1973 sólo se continuó con el carácter de la relación que mantenía el Estado con una región excéntrica como la nuestra. Una vez que terminó la etapa de aniquilamiento del enemigo interior, la dirección del Estado en Tarapacá, a cargo del general Carlos Forestier, se dedicó a resolver la situación de los enemigos externos, en especial, a atender la reivindicación que éste pudiese tener en 1979, año del centenario de la guerra que los despojó de una parte importante de su territorio. Por ello, este factor incide fuertemente en la masividad de las ejecuciones y la destrucción del movimiento popular de hace treinta años.

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