Olivier van Noort

1558-1627

Olivier van Noort, es un navegante y pirata neerlandés del siglo XVII, el primero de su país en circunnavegar el mundo.​ Tiene más parecido con Thomas Cavendish que con Francis Drake.​ La crueldad de los actos presenta analogías con la del pirata inglés que, arruinado, abandonaba la corte para dedicarse al corso.​

El 5 de febrero de 1681, los iquiqueños nos llevamos el susto de nuestras vidas. Desembarcaron por la costa los piratas protestantes, y sin pudor ni consideración alguna, robaron la corona de plata que cubría la santa cabeza de nuestra Señora de la Concepción. En otras palabras, nuestra madre católica, protectora del Puerto, sufrió la humillación de verse despojada de su corona. Manos extranjeras y corazones sin misericordia por el símbolo católico, profanaron no sólo la soberanía geográfica del puerto, sino que también nuestra soberanía económica. El gesto del irrespetuoso pirata que no trepidó en profanar la imagen sagrada de la Inmaculada, continuaba marcando el ritmo de una cadena de profanaciones, que los españoles inauguraron con su llegada a estas tierras.

Y aún antes, el año 1578 el mítico Francisco Drake -según cuenta Juan de Dios Ugarte Yavar- en las costas de Iquique al no hallar que saquear, no encontró nada mejor que arrebatarle a un chango un lingote de oro. Fue el inicio de la explotación de nuestras riquezas básicas. Cada siglo habría de seducir a los conquistadores con sus riquezas: la plata de Huantajaya y Santa Rosa, el guano de las covaderas del sector sur, el salitre de la pampa, la anchoveta de El Colorado y Cavancha, el cobre de Cerro Colorado, de doña Inés de Collahuasi y de Quebrada Blanca.

El mar de Iquique y sus costas, vio desfilar la audacia y la ambición de los piratas. Estos no sólo robaron e izaron sus banderas con negras calaveras sobre el azul de los cielos, sino que también, nos bautizaron equivocadamente. El pirata holandés de Rotterdam Oliverio Van Noort, nos llamó Icaiza. Los afuerinos siempre cometen ese error. El de Colón fue que nos creyó indios, y los de ahora que llaman tumbos a los tambos. Icaizinios seríamos en vez de iquiqueños. Y eso no es lo mismo.

El gesto del pirata que robó el signo de autoridad de nuestra nueva protectora, se puede equiparar al acto de violación que realizó el conquistador a la Pachamama.

Violados en nuestras más intimas consideraciones religiosas, los iquiqueños hemos estructurado nuestra identidad cultural como hijos de madres violentadas y sufrientes. Somos los hijos de madres desgraciadas, sufrientes, pero que amamos eternamente. La Virgen de la Tirana -la Pachamama cristianizada- es nuestra Madre Universal. Ella nos da cobijo y protección, nos cura las penas del cuerpo y aquellas que habitan la extensa geografía del alma.

La Pachamama, La Tirana y después la Inmaculada marcan tres momentos de violencia sobre nuestras protectoras y dispensadoras de la vida. Al igual que cualquier madre, éstas a pesar de ser ofendidas nos siguen entregando el pan, el agua y la vida.

No fue visita ilustre, por cierto

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