Iquique por el Che Guevara

Numerosos viajeros han visitado a Iquique. Charles Darwin parece ser el más famoso. Pero también estuvo el poeta español y nobel de literatura Jacinto Benavente. Ambos llegaron a la ciudad por mar.

La ciudad parece una fortaleza. La cubre por el oriente la cordillera de la costa y por el occidente el océano Pacífico. En la frontera norte se juntan la cordillera con el mar, clausurando todos los accesos. Por el sur, y por la costa es posible arribar a Tocopilla por un camino costero de reciente creación, para ser más precisos de los años 90 del siglo recién pasado.

A Iquique se llegaba por mar o por tierra. Hace unos cincuenta años atrás, sólo existían dos vías de acceso. Por tierra, a través de lo que la gente bautizó como los zigzag. Curvas en esas formas que entrañaban una gran peligrosidad. Desde esa altura, se veía la ciudad. Quien mejor que nadie relató la sensación de esa bajada fue Ernesto “Che” Guevara. El guerrillero escribió:

“Una sucesión de camiones nos transportó por todas esas regiones hasta llegar finalmente a Iquique tibiamente envueltos en un manto de alfalfa que era la carga que llevaba el camión que hasta allí nos acercara. La llegada, con el sol saliendo por detrás nuestro, reflejándose en el mar de un azul purísimo a esa hora, tenía apariencias de episodio de episodio de las mil y una noches. Como una alfombra mágica aparecía el camión en los acantlidaos que dominan el puerto y en un vuelo sesgado y gruñón, con la primera frenada la caída, veíamos cómo se acercaba el plano completo de la ciudad, totalmente abarcada desde nuestro observatorio”

Era el 20 de marzo de 1951, faltaba sólo un día para que terminara el verano.

Las ciudades del norte tiene esa rara cualidad. Pueden ser vista desde la altura. En Arica gracias al Morro se obtiene una visión panorámica. Desde Alto Hospicio, se puede ver la ciudad de Iquique tan llena de contrastes. Un enorme manchón verde, casi como un oasis, nos delata la presencia del estadio “Tierra de Campeones”, y las torres de hormigón armado construidos en el boom inmobiliario producidos por la Zofri y el nuevo ciclo minero, borraron los puntos más altos de ese entonces, el reloj de la Plaza Prat y las torres de las iglesias.

El Che visitó una ciudad en crisis y abandonada por el estado central. Una ciudad que se organizaba, en forma transversal para desafiar al centralismo santiaguino. Se dice que los iquiqueños tienen dos banderas listas para izar, la nacional y una de color negro. La primera para demostrar que somos chilenos y la segunda para expresar lo mal que estamos.

Pero nada se sabe de la visita del Ernesto Guevara a la ciudad de Iquique. No hay registros ni nada que se le parezca. Menos fotografías. ¿Dónde durmió¿ ¿Quién le habrá respondido sus múltiples preguntas?


Lo que queda del Che en su corta visita a Iquique es esa imagen de deslizarse hacia la ciudad como en un alfombra persa. Es quizás el único relato que tenemos sobre como se ingresaba a la ciudad desde las alturas. Y se lo debemos al Che.

Bernardo Guerrero Jiménez

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