Gianni Vattimo

Nació en Turin el año 1936

El jueves 6 de noviembre de 2003, visitó la Universidad Arturo Prat, invitado por el Departamento de Ciencias Sociales y por la Dirección de Extensión el filósofo italiano Gianni Vattimo.  En la  conferencia “El fin de la filosofía en la era de la democracia” planteó como la filosofía en cuanto saber, iba siendo desplazada por el llamado saber técnico, encarnado en especialistas como ingenieros, médicos, analistas de sistemas, etc.  Todo lo anterior ponía en duda la democracia, ya que los problemas sociales, o de representación política, entre otros, pasan a ser vistos como problemas técnicos, y no como asuntos de convivencia.

Vattimo es una de los grandes exponente del llamado pensamiento débil  o postmoderno. Débil se le llama a aquel pensamiento que no tiene pretensiones de ser definitivo. Se le contrapone a aquel pensamiento llamado fuerte, que radica fundamentalmente en las ciencias naturales.  Y que  las ciencias sociales  han tratado de imitar, sobre todo las de orientación positivistas que creen que el mundo social funciona en forma parecida al mundo natural.

El pensamiento de Vattimo tiene fuerte influencias de Niestzche y de Heiddeger, y posteriormente de Gadamer, pensadores todos que descreen en la filosofía metafísica, y  que afirman la historicidad de la existencia humana.

Pero más allá de sus planteamientos teóricos y filosóficos, Vattimo es un pensador, que una crónica de El Mercurio lo catalogó como un “filósofo  demasiado humano”. Esto puede ser visto en dos ámbitos. Una, en términos filosóficos en la que postura de este autor nacido en Turín, le otorga al ser humano una buena dosis de inventiva frente a la posición de modelos deterministas que reducen al hombre (con mayúsculas) a un mero átomo de una gran engranaje. Y el otro, y tan importante como a lo anterior, a su  sencillez y humildad típico de los hombres grandes.

En su corta  estadía en Iquique, nos mostró buena parte de su personalidad. Un hombre con dudas, pero relativamente optimista.  Uno de sus libros se llama “Creer que no se cree”. Dueño de un sentido del humor y consiente que la verdad (con mayúscula también) no existe.  Tuve el privilegio de acompañarlo, de disfrutar de unos buenos pisco sour, de un par de botellas de vinos y de comida regional. Conocer Humberstone y maravillarnos con ese desierto que parece decirnos que allí no es posible la vida, hasta que se llega a esa oficina.

Los estudiantes de la Universidad Arturo Prat tuvieron el privilegio de conocer a un hombre que piensa en la sociedad desde la filosofía, pero desde esa que afirma la existencia de un ser humano que construye su propias verdades. En una entrevista a un matutino santiaguino, dijo que la sociedad de la modernidad se movía en base a la idea de motor. La de hoy, la postmoderna o como quiera que se le llame, se asemeja a una red. Y en esa telaraña tejemos nuestros sentidos de vida y nuestros proyectos.

Publicado en La Estrella de Iquique, el  13 de noviembre  de 2003

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