La Tirana Audiovisual

La fiesta de La Tirana, en estos últimos treinta años ha sido objeto de decenas de registros audiovisuales[1], sobre todo del mundo del periodismo y  de los audiovisualistas. La oferta que puso la Zona Franca de esta tecnología, hizo que muchos se dedicaran a documentar la fiesta. En este trabajo sólo nos ocuparemos de reseñar dos. Uno grabado el año 1944 y el otro, el año 1968.

El primer registro del que tenemos conocimiento se realizó el año 1944 por un grupo de profesionales venidos desde Santiago. Es un documento en blanco y negro, con una voz en off. Su director es Pablo Garrido. Tiene una duración de 30 minutos. Hace un par de años esta cinta fue restaurada por la Cineteca de la Universidad de Chile.

Este registro visto en su contexto, es un intento por representar en imágenes esta fiesta. Recoge todos los lugares comunes de ese entonces respecto a La Tirana: paganismo, idolatría, superstición:

“Pues bien, el 16 de Julio de todos los años, ante la Virgen y el recuerdo de la bella Tirana, millares de personas, en su mayoría trabajadores del salitre, acuden a celebrar extrañas fiestas, cuyo ritual sobrepasa los límites de la imaginación.

Y entonces los obreros abandonan sus faenas para acudir a los bailes, transformados en Chunchos, Morenos, Pieles Rojas, Cuyacas, Llameros o Chinos. Es la gran reserva espiritual de estos obreros del norte.

Van camino a la Iglesia al compás de música y de sus extrañas danzas. El paganismo de la fiesta se funde en lo cristiano de los canticos y el aire vibra estremecido de ritmo en la silenciosa soledad de la pampa.

Los promeseros marchan atrás de las andas engalanadas de la Virgen del Carmen. Cada grupo lleva su propia imagen de la Virgen, y en pos de ella van los bailes, compuestos por millares de personas con los más extraños atavíos.

La atmosfera exaltada y ferviente de la multitud inunda el templo de La Tirana, y en su interior las oraciones, los cantos, y hasta la voz del sacerdote, tienen una extraordinaria mezcla de lamento y de fe.

Afuera, en la plaza de La Tirana, el baile Cuyaca continúa su ritmo que tiene ancestros de siglos. La música y la fe sacuden hasta la última fibra de los cuerpos y los espíritus”.

Este relato, como ya lo hemos dicho, recoge y sintetiza lo que la atmósfera intelectual de la época dictaba. Es una mirada eurocéntrica e ilustrda tributaria del desconocimiento que se tenía y aún se tiene del Norte Grande. En la actualidad cuando la televisión cubre esta festividad, habla de carnaval.

La cámara enfoca a los bailes, rostros y vestimentas, pero no les da la palabra. La voz en off tiene el monopolio de la palabra y orienta al espectador. Se escucha: “Terminada la misa, la plaza de La Tirana vuelve a convertirse en el más extraño de los escenarios, donde una coreografía primitiva y pura, da un nuevo impulso pagano a la ceremonia”.

El otro documental del año 1968 fue realizado en forma conjunta entre la Universidad de California y la Universidad de Chile. Es un registro de cerca de una hora que sigue la lógica de la más clásicas de las etnografías. Como tal es un documental visual que narra como quien escribe un libro. Posee imágenes que para hoy son de un valor extraordinario. A menudo parte la pantalla en cuatro planos para mostrar diversos aspectos de la fiesta. Este, podríamos decir, es un registro que se mueve bajo el canon de la antropología de la época: la búsqueda y representación del Otro Exótico.


[1] Se puede encontrar un listado de registros asociados a la fiesta en: https://www.tarapacaenelmundo.com/la-tirana-audiovisual.html

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