Nuestro Camino del Inca: Calaumañan

                      

El imponderable William Bollaert, precursor en tantos aspectos relativos a la historia regional, fue también el primero en mencionar (1860) la existencia de un “antiguo camino que corre desde el cerro de Huara al pueblo de Tarapacá”. Y no tan sólo eso, ya que coronó su deliciosa torta con esta guinda incomparable: “a ambos lados del trayecto se han colocado piedras” (1).

Es que el tener hileras de piedras en sus costados marca el sello distintivo de las carreteras incásicas. De no ser por la aguda percepción de este químico inglés con ferviente alma de historiador, geógrafo, arqueólogo y antropólogo, jamás lo hubiésemos sabido. Un suceso providencial.      

Procede decir que antes de esto Antonio O’Brien (1765) había averiguado que el camino en referencia se llamaba Calaumaña (2), aunque él ignoraba la alta calificación de esta infraestructura diseñada por ingenieros cuzqueños, con el aporte de mano de obra local tanto en la habilitación de la ruta, como en la recolección y colocación de piedras. A todo esto, habría que precisar que el nombre correcto debió ser Calaumañan, dado que en lengua quechua Ñan significa camino; en este caso: Camino de Calauma.

Calaumañan era un ramal transversal (Uru Ñan) que conectaba la zona de Tarapacá con el Camino Inca de los Llanos y seguidamente con la ruta principal o Qhapaq Ñan propiamente tal.

Estos ramales fueron construidos por el Inca con el propósito de articular áreas de alta importancia económica, lo que en este caso se confirma con la noticia del mismo O’Brien en el sentido de que Calaumañan no terminaba en el Cerro Huara, sino que se extendía hasta Huantajaya. 

O’Brien nos hace saber también que desde el pueblo de Tarapacá salían tres sendas en dirección al mineral de plata, pero releva la jerarquía de Calaumañan al definirlo como “el camino de Guantajaya”. Puede que esta trilogía caminera fuera anterior a los incas y que éstos hayan optado por privilegiar y perfeccionar Calaumañan por su trazado más recto y expedito. De las dos restantes, O’Brien manifiesta que se llaman Cruz de Piedra y La Peña.

¿Qué motivó al Inca para construir un camino real en esta zona periférica de su imperio? Nada más obvio que el hecho que Calaumañan comunicaba con Huantajaya, lo que estaría indicando la relevancia que el monarca le asignó a dicho mineral.

                                                      Trilogía vial

De acuerdo a la tipología vial incásica, la doble hilera de piedras sólo  se aplicaba en  terrenos planos, como el tramo lineal que discurre entre Pampa Iluga y el Cerro Huara, a cuya vera prosigue la vía en demanda del mineral, abriendo en su vertiente oriental el telón de la serranía costera y su compleja topografía, entendiéndose que si la ruta no discurre por pasadizos intermontanos -sino que corre apegada a faldeos quebradeños- las piedras se ubican en un solo lado (3).

Es probable que Calaumañan haya contado con dispositivos arquitectónicos como terraplenes y muros de contención (para salvar irregularidades y obstáculos naturales) y que además estuviera jalonado de tambillos y elementos demarcatorios (apacheta, marcas, deslindes), testimonios de intervención y construcción social del paisaje. 

Visualizamos que al habilitar tres caminos entre el pueblo de Tarapacá y las minas homónimas las autoridades ancestrales procuraron que en su recorrido existieran fuentes hídricas. Situación que se cumple explícitamente en el llamado Camino de La Peña, por la existencia de una aguada y de un geoglifo que puede haber sido una señalética inherente.  (4).

Especulamos que dicho requisito logístico pudo calificar también con respecto al camino intermedio llamado Cruz de Piedra, que era el más prolongado de los tres y que tras un sesgo oblícuo confluía con Calaumañan poco antes de llegar al mineral.  Ello porque en un tramo que discurría por la quebrada Mapocho (nombrada así por la ex oficina salitrera) se hallaron vestigios de corrales y de un tambo, infraestructuras que, a nuestro parecer, presupondrían la existencia de agua (5). Se nos ocurre además que el nombre “Cruz de Piedra”  podría asimilarse al de Cerro Piedras, ubicado al Oeste de la ex Oficina Mapocho.

                                                  Fuentes de agua

En cuanto a recursos de agua en Calaumañan, es más que obvio que los hubo, tanto es así que lo testimonia cabalmente el propio topónimo de origen mixto: Calauma (aymara) y Ñan (quechua). Respecto al significado de este término, encontramos: “gota que labra la piedra”, “agua que emana de la roca”, agua en la piedra” (6)

Por otra parte, la voz Umaña significa “bebedero” (7). De manera que si le anteponemos Cala, piedra, obtenemos algo así como vertiente en un pedregal o agua que emana de las piedras. Ignoramos a cuál o cuáles surtideros o acuíferos se refiere; sin embargo, está la evidencia concreta de aquel conocido posteriormente como Pozo Ramirez y que algunos autores asocian erradamente a la Oficina Salitrera Ramírez. De este predicamento nos disuaden evidencias como las siguientes:

En 1808, el ingeniero español Francisco Javier Mendizával alude al “Pozo de Ramírez, situado en el camino del Mineral a Tarapacá” (8); en tanto que Bollaert precisa que el mencionado pozo dista 6 millas (unos 6 kilómetros) del Cerro Huara, en el camino de Tarapacá a Huantajaya (9).

Y como lo que abunda no daña, consideremos que en el mapa de Bollaert y Smith (1851) Pozo Ramírez  aparece situado entre la aldea de Iluga y el Cerro Huara (10). 

                                          Hasta el Cerro Esmeralda

Tenemos a la vista un sistema de vialidad que hace confluir la comunicación geográfica (desierto costero-precordillera-transaltiplano-centros imperiales hegemónicos) y la coordinación de intereses económicos y sociales. Sistema que por añadidura compone un paisaje cultural y religioso pleno de relaciones simbólicas en que el medio natural y las ideologías se funden.

En efecto, Calaumañan es uno de aquellos caminos construidos con fines rituales, de manera que determinados accidentes geográficos o geoformas suyos fueron asimilados como manifestaciones de índole sagrada. Así, el recorrido entre el centro administrativo que era la aldea de Tarapaca y el mineral debió considerar determinados trechos en que se hacían pausas o descansos para realizar gestos rituales como libaciones y/u ofrendas de coca masticada. Igualmente, los caminantes debían pronunciar a su paso los nombres de cada cerro y reverenciando las apachetas, wakas, geoglifos, cuevas, roqueríos salientes, hitos ceremoniales que configuraban los  “caminos de la memoria” (11). Y un dato mayúsculo: en Huantajaya estaba enclavada una Mina del Sol, donde refulgía de modo espléndido el aura sagrada de la plata.

Conforme a la cosmovisión inca, y confirmando la estrecha ligazón entre minería y religión, el sacerdote que ostentaba el título de supremo pontífice (Huillac Umu) , ejercía supervisión sobre todos los minerales del imperio, teniendo entre sus facultades la de destinar “a los indios que van a las minas de plata adorar los cerros o minas pidiéndoles metal” (12). Esto, ciertamente, en los escenarios hegemónicos del imperio, desprendiéndose que a nivel local esta función la cumplía la autoridad religiosa con sede en el pueblo de Tarapaca.

Complementariamente, Huantajaya estaba dentro de la jurisdicción de otra autoridad religiosa, como el sacerdote principal del Sol en Copacabana, Challco Yupanqui,  “gobernador y capitán general de las provincias de Collasuyo, Omasuyo, y Orcosuyo, Chucuito, Pacages, Carangas, Paria, Charcas, Chuiz, Yamparaez, Chiscas hasta Copiapó, Chile”(13).

Retomando el concepto de “caminos de la memoria”, debe tenerse presente que los Incas construían y sellaban una resignificación hegemónica con caminos e infraestructura ceremonial sobre espacios locales significativos, como una forma de desplegar un paisaje de reapropiación explícito y comunicar así la presencia de un nuevo poder religioso (14). Consecuentemente,  los Incas se apropiaron y potenciaron antiguos cultos y creencias tarapaqueñas, otorgándoles mayor importancia y jerarquía. 

Hay fuertes presunciones de que Calaumañan no se detenía en Huantajaya, sino que continuaba hasta el borde mismo de la serranía costera; es decir, hasta lo que durante el período republicano peruano se denominaba Cerro Huantaca y hoy Cerro Esmeralda. No sin razón el Inca instaló allí una capacocha.

Cada capacocha se convertía en centro oracular y trascendía en el tiempo, recibiendo culto y siendo motivo de peregrinaciones locales, regionales e interregionales (15). Por todo esto, existe amplio margen para dar por supuesta la existencia de una senda que la conectaba con el mineral. Esa ha sido la continuación y cúlmine de Calaumañan..

                                              La ruta del viento

El antropólogo doctor Horacio Larraín efectuó en abril de 2013 una revisita a Pampa Iluga, pudiendo comprobar con su ojo de arqueólogo vestigios de miles de chacras, canales, ruinas de corrales y recintos de quienes supieron hacer de esos terrenos arenosos un importante sector productivo y habitacional.

También pudo comprobar el resiliente hálito de una vegetación que no deja de expresar un reflejo de renuente supervivencia, al identificar especies como retamilla, tamarugo, molle y tiquilia. A falta de agua, son alentadas todas ellas por el humectante manto de la camanchaca.

Un emotivo encuentro con un pasado latente. Bien dice la cosmovisión andina que, mientras el futuro está a nuestra espalda -porque no lo conocemos-, los tiempos idos se dejan ver porque están ahí enfrente nuestro, en forma de remanente o bien internalizados en la memoria.

Para nuestro gusto, empero, lo más destacable que detectaron el doctor Larraín y su equipo fue el inconfundible testimonio de las piedras que flanquean e identifican al tramo transversal del camino real incaico: Calaumañan.

Bordeado ordenadamente de piedras a sus costados, se extiende, en forma sorprendentemente rectilínea, por varios centenares de metros”, reseñó el arqueólogo y antropólogo intelectual y afectivamente radicado en Iquique (16).

Un documento fechado en 1643 nos informa que el español Antonio Gamarra compró en 200 pesos “las tierras desde el camino de Tarapacá hasta la mar” (17). Ni más ni menos que Calaumañan, por donde transitaba Cucumate, el camanchaca trajinero de guano y pregonero de Huantajaya. 

En 1782, José Mamani solicita autorización para adjudicarse unos terrenos salitreros ubicados “camino a Huantajaya” (18).

Hacia los inicios de la actividad salitrera, la producción de las paradas era transportada en burros para embarcarla en Iquique, utilizando Calaumañan. En todo el transcurso de la administración peruana que finaliza con la Guerra del Pacífico y hasta bien entrado el siglo 20, Calaumañan fue la ruta obligada para viajar entre Iquique y Tarapacá. Un texto publicado en 1879 señala que el tránsito desde Iquique al Nor-Este discurre por Alto Molle, Huantajaya, cerro Pajonal, Pampa Perdiz, Cerro Huara y Tarapacá (19), derrotero que sólo es abandonado cuando se construye la carretera Iquique-Humberstone y sus prolongaciones hacia el Norte (actual Ruta A-16).

Desde entonces, por Calaumañan no recorre nadie más que el viento, el que se encarga de mantenerlo siempre despejado, expedito; flanqueado lealmente por las hileras de bolones que testimonian su rango real. Es nuestro Camino del Inca.

Braulio Olavarría Olmedo

Referencia bibliográficas:

1. William Bollaert: Antiquarian. Ethnological and other researches in  New Grenada, Equador, Peru and Chile, with observations of the pre-incarial, incarial, and other monuments of  peruvian nations, página 161. Turner, London. 1860.

  2. Plano que manifiesta el Valle ó Pampa de Yluga en el Thenientasgo de Tarapacá Jurisdicción de Corregimiento de la Ciudad de San Marcos de Arica, etc. Citado por Ricardo Couyoumdjian y Horacio Larraín en: El plano de la Quebrada de Tarapacá de don Antonio O’Brien, su valor geográfico y socio-antropológico. Norte Grande. Vol. I, Nos. 3-4 (marzo-diciembre 1975), página 331-nota 5. Instituto de Geografía, Universidad Católica de Chile. Santiago, Chile.

  3. Rodolfo Raffino: Los inkas del Collasuyo. Editorial Reinos Americanos. Buenos Aires. 1981.

4. Francisco Riso Patrón: Diccionario geográfico de las provincias de Tacna y Tarapacá, página 84. Instituto Pedagógico de Iquique. Iquique, 1984. 

5. Luis Briones, Persis Clarkson, Alberto Díaz y Carlos Mondaca: Huasquiña, las chacras y los geoglifos del desierto: Una aproximación al arte rupestre andino, página 48. Diálogo Andino N° 18,1999. Departamento de Antropología, Geografía e Historia, Facultad de Educación y Humanidades. Universidad de Tarapacá, Arica-Chile.

6.  https://www.icrc.org/spa/resources/documents/film/2014/06-11-bolivia-qalauma.htm302.

7. Kamisaraki-Imaynalla Kasani. Estudios de la lengua aymara y tras las huellas del quechua en Chile, página 54.Conadi. Iquique, 2011

8. Francisco Javier de Mendizával: 1.5 v. Informe de D. Francisco Javier de Mendizával, sobre la imposibilidad de dar agua al mineral de Guantajaya, remitido al Virrey del Perú, con carta N° 256 de septiembre de 1808. Citado por Jorge Hidalgo en Historia Andina de Chile, página 369.    

9. William Bollaert: Observations on the history of the Incas of Peru, on the Indians remains in the Province of Tarapaca. Journal of Ethnological Society of London (1848-1850), vol. 3 (1854), página 157.

10. Bollaert William y George Smith: Survey of the province of Tarapacá in the Department Arequipa. Commenced in 1827 by William Bollaert and George Smith with additions in 1851 by W.B https://legacy.lib.utexas.edu/maps/historical/tarapaca_peru_1851.jpg

11. José Luis del Pino Matos: Qhapaq Ñan Wamanin: los lugares de libación como hitos de la memoria en cada paisaje sagrado de la ruta principal hacia el Chinchaysuyu. Diálogo Andino N° 49. Arica, marzo de 2016.

12. Pedro Cieza de León: La Crónica del Perú, página 94.

13.  Pablo Cáceres Chalco Yupanqui Inga (1599): Información de los servicios que prestaron a los españoles los antepasados de don Alonso Viracocha Inca  y  don  Pablo  de  Cáceres  Chalco  Yupanqui,  caciques  de  Copacabana, página 28. Citado por  Martti Pärssinen en: Confederaciones  interprovinciales  y grandes señores interétnicos en el Tawantinsuyo. Boletín de Arqueología PUCP, N.° 6, 2002.

14. José Luis del Pino: obra citada.

15. María Rostworoski: Peregrinación y procesiones rituales en los Andes. Journal de la Societé des americanistes 89-2, tomo 89 N° 2. 2003.

16. Horacio Larraín Barros: Revisita y examen de las antiguas chacras de cultivo en la Pampa del Tamarugal: la magnífica herencia de don Antonio O´Brien. Eco-Antropología, miércoles 17 de abril de 2013. https://eco-antropologia.blogspot.com/2013/04/revisita-y-examen-de-las-antiguas.html

17. Jorge Hidalgo: Historia andina en Chile, página 610.

18. Archivo Nacional de Tarapacá, vol. 2, 6.3.1777, f. 61. Citado por Carlos Donoso Rojas: Los albores de la industria salitreras en Tarapacá, página 460. Chungara Revista de Antropología Chilena Volumen 50, N° 3-2018. https://scielo.conicyt.cl/pdf/chungara/v50n3/0717-7356-chungara-01402.pdf

19. Boletín de la Guerra del Pacífico, página 102. Año I. Santiago de Chile, mayo 21 de 1879, NUM. 6.

Vista de un tramo de Calaumañan en Pampa Iluga, tomada en abril de 2013 y publicada por el doctor Horacio Larraín Barros. Rescatada de Ecoantropología.

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