Día de la Raza en Iquique

La actividad del salitre conecta definitivamente a Iquique al mundo. Inserta en el mercado internacional a través de la exportación del nitrato, la ciudad y la provincia de Tarapacá empieza a vivir su ciclo de bonanza y grandeza. Cientos de hombres y mujeres llegan en busca de una vida mejor. Del sur de Chile, de Perú, Bolivia y Argentina, arriban bajo la forma del “enganche” a poblar lo que se ha dado en llamar el “desierto más árido del mundo”. Pero también acuden de otras partes del mundo. Decenas de nacionalidades, se enfrentan a un paisaje hasta entonces desconocido. Ingleses, alemanes, españoles, croatas, italianos, sirios, chinos, entre tantos otros, le otorgan un sello cosmopolita a esta región. Cada una de estas culturas trajo consigo su visión del mundo y sus prácticas sociales. Cada una de ellas trató de recrearla y reproducirla. Los españoles también aportaron lo suyo. Y tuvieron, además su día especial, el día de la hispanidad, donde se celebra el arribo de Colón al nuevo mundo.

Por mucho tiempo, el 12 de octubre sirvió para celebrar lo que se dio por llamar el “Día de la Raza”. La radio se llenaba de música española. Pasodobles y flamencos inundaban la programación de las emisoras locales.  Era el día de la hispanidad.

En Iquique la primera celebración del así llamado Día de la Raza fue el 12 de octubre de 1915. Y fue por supuesto, en los amplios salones del bello Casino Español, donde se realizaban las ceremonias, bailes de carnaval y actividades sociales.

En este local ubicado al frente de la Plaza Prat e inaugurado el 10 de julio de 1904,, abría sus puertas y sus salones se llenaba de voces con aquel acento  contagioso.

En el parque Balmaceda frente al monumento de Colón la numerosa colonia española, con orgullo no disimulado, se congregaba en torno al descubridor de este continente. Hasta el día de hoy, y sobre todo el Colegio España tributa con aires marciales la presencia hispana en esta zona, por la cual pasó Diego de Almagro.

En los cuadernos marca Torre, lucía la leyenda “A Castilla y a León nuevo mundo dio Colón”. El 12 de octubre tenía una interpretación, la oficial.

Sin embargo, esta celebración al igual que cualquier otro fenómeno social, tenía un reverso o un anverso (depende del lugar en que nos situemos). Naciones como Perú y Bolivia, habían hecho la otra lectura. Esa lectura que algunos intelectuales como Miguel Portilla o Nathan Watchel llamaba la “visión de los vencidos”.  Desde este punto de vista no había nada que celebrar. Al contrario, era una fecha para reflexionar sobre la profunda tragedia que significó el desigual encuentro entre los españoles y los nativos de este parte del mundo.

La historia que no se deja atrapar por una sola lectura, ni escribir solamente por la mano del conquistador, dio lugar para que los otros, “los vencidos” también llenaran sus páginas, pero ya no con el gesto altivo del conquistador, sino con el gesto épico del humillado, pero con la esperanza de que el mundo volviera a funcionar como antes, o sea como en los tiempos  del Inka.

Para nadie es un  misterio  que la conquista fue una empresa militar y religiosa. La cruz y la espada (en ese orden) se conjugaron para obtener los metales preciosos y de paso extirpar las idolatrías, que no era más que la destrucción de las religiones nativas.

No es este lugar para inventariar el largo proceso de violencia real y simbólica, y menos aún de lo que algunos autores han llamado “el trauma de la conquista”. Lo que si es preciso señalar que a partir del 1492, el mundo dejó de ser lo que era.

A raíz de la conmemoración del Quinto Centenario, en la ciudad de Iquique empiezan a ser visibles los aymaras. Algunos claman por el regreso a los orígenes.  Los otros, reclaman lo que es suyo. Iquique, en todo caso, tiene un rostro andino que sólo se deja ver por aquel que lo quiera ver, y otro hispano, que parece congelado en ese edificio ubicado frente a la Plaza Prat. En las calles los rostros y los acentos se cruzan.

Con todo, la llegada de Colón a estas tierras, señala la fundación de una nueva cultura, marcada ahora por el mestizaje. El cruce de sangres, de lenguas y de religión, nos señala el más profundo mestizaje de la cual todos somos sus descendientes.  Miope seria negar la aportación del mundo hispano a la actual configuración cultural de este continente que Colón no supo que había descubierto, como miope sería también negar el aporte de los “indios americanos” a nuestra identidad cultural.

Bernardo Guerrero

Iquique, 3 de octubre de 2021

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