Lorenzo

Si mayo es celeste, julio es café, agosto es amarillo con rojo. Cada mes en Iquique, tiene su color. Incluso se podría decir que cada barrio tiene sus propios. De julio a agosto pasamos del color de la China a la de San Lorenzo. El clóset peregrino huele a fe, a devoción, a prenda recién planchada, a larga espera.

La pandemia ha sido particularmente dura con los humildes, sobre todo con aquellos que precisan el estar juntos, hombro con hombro, sabiendo que son parte de un mismo todo. “Donde come uno, comen dos” resume lo anterior. Saben que poseen un inmenso capital que se activa con la palabra compadre. Y eso es San Lorenzo en la inmensa familia del Norte Grande.

Los colores del santo se conjugan con los de las quebradas y en el puerto con las inmensas fotografías que cubren las fachadas de las casas. La figura del santo se enseñorea en los barrios populares, allí donde el culto a la China y al Lolo, se enseña antes de aprender a leer y a escribir.

Fiesta patronal deriva en lo que hoy es, la de San Lorenzo, en fiesta popular de gran demanda popular y urbana. Mantiene, eso si algunos rasgos patronales como la Rompía del Día, el baile del cachimbo entre otras manifestaciones. Pero además ha ido recogiendo e integrando nuevos elementos. Uno de ellos, el regalo que se recibe de parte de los peregrinos como pulseras, naranjas,  calendarios, con el compromiso de que para el año que viene, se “devuelva” el bien recibido.

En los años 80 no más de cinco bailes acudían a la quebrada del amor, hoy lo hacen cerca de 44. Algunos en forma exclusiva le bailan al santo, otros, en julio le danzan a la China y continúan en agosto. Lo anterior, sin mencionar, a la Candelaria, en febrero y a la fiesta de la Reliquia.

El Lolo es el compadre, el hermano mayor y la lealtad es el bien que rige esas relaciones. Por lo mismo, no hay que fallarle.

Publicado en La Estrella de Iquique el 8 de agosto de 2021, página 11

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